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28 nov. 2009

LA FIGURA - Soneto

----Soneto----

Fascinado quedó el joven letrado
Contemplando gozoso la figura
Que luciendo desnuda su hermosura
Sonreía con gesto desmayado

Un suspiro voló sobre la estancia
Embriagando de sueños los sentidos
Y avivando recuerdos escondidos
En un alma vestida de arrogancia

En intento de amor desesperado
Se abrazó con ardor a la figura
Y el abrazo fue tan acalorado

Que la cera deshizo en su apretura
Y de cera cubierto avergonzado
Escapó maldiciendo su locura


21 nov. 2009

AVANCES DE LA CIENCIA



Como adelantan las ciencias
Mi querido D. Manuel
Antes lo sentimientos y anhelos
Nacían en el corazón
El cerebro los recogia
Y los ponía en acción

Ahora la humanidad
Acorde con los nuevos tiempos
Mimetiza sentimientos
Y se está robotizando
Habiendo cambiado el cerebro
Por una placa de ordenador
Y hay un disco duro en el pecho
Donde había un corazón

Las alegrías y penas
Ilusiones y esperanzas
Que eran nuestras y de nadie más
Se archivan ahora en carpetas
Que se pueden clasificar
Y según lo que convenga
Se borran, se actualizan
Y hasta se suelen intercambiar

En el disco duro instalados
Se encuentran muchos programas
Algunos muy necesarios
En la vida cotidiana

Mire Vd. D. Manuel
Un programa interesante
Y que todos debieran tener
Es el llamado “dos caras”
Necesario para navegar seguros
Sin contratiempos ni trabas

También es muy importante
Para mejor funcionar
Otro llamado “astucia”
Que es un programa llave
Muy fácil de utilizar
Con el que se tiene acceso
A muchos programas más

No hay que dejar olvidado
Un buen compresor de archivos
Que algunos es necesario
Tenerlos bien comprimidos
Sobre todo los llamados
“Tolerancia, humildad
y compasión”
No vayan a desbordarse
Y ralenticen el ordenador

Y cómo no D, Manuel
Algo muy esencial
Sin lo que un ordenador
Nunca debe trabajar
Un buen y potente antivirus
No vaya a ser que se cuele
Uno de los más dañinos
El virus llamado “conciencia”
Para el cual una vacuna
No ha conseguido aún la ciencia

Ya lo sabe D, Manuel
Póngase al día
Cuide bien su ordenador
Instale lo necesario
Para un rendimiento mejor
Mas no instale programas sensibles
Románticos o de amor
Pues suelen causar problemas
Y el disco duro con ellos
Se bloquea y funciona peor

Los avances de la ciencia
No se pueden detener
Son las cosas de la vida
¡Vivir para ver D. Manuel!


LA ORACIÓN



Como quisiera Señor poder sentir
En mi espíritu la paz de tu presencia
Y de tu inmenso amor yo conseguir
Tu magnánima indulgencia

En un dulce crepúsculo sin luna
Descansar mi alma en tu regazo
Y olvidando los sangrientos aletazos
Adentrarme en tus mares de ternura

Como quisiera Señor un gesto tuyo
Liberándome de oscuros pensamientos
Y una luz que en la sombra del orgullo
Clarifique la semilla que en el barro
Ha nacido de un amargo sentimiento

Tú que vienes Señor del infinito
Y que brillas disipando los reproches
Suaviza el rigor de mi destino
Y aplaca la tormenta de mis noches

12 nov. 2009

LA NIÑA SE DESPOSA - Sonetillo

----Sonetillo----

La suave luz que acrisola
El ventanal empañado
Dota al cabello dorado
De una radiante aureola

A través de los cristales
Dulce rostro que fascina
Débilmente se adivina
Junto al sayal de esponsales

La niña hoy se desposa
Con un joven caballero
Su carita candorosa

Reluce como un lucero
Y sonríe ruborosa
Soñando con el “si quiero”

8 nov. 2009

EL MUÑECO Y EL TROMPÓN

---Poema para niños---

Mi papá me ha regalado
Una cuerda y un trompón
De colores muy brillantes
Verde, amarillo y marrón
Y a mi hermanita pequeña
Un muñecote pepón
Con los brazos de serrín
Y la cara de cartón
Que llora y hace pipí
Cuando aprietas un botón

Hoy al parque mi mamá
Nos ha llevado a los dos
Yo me he divertido mucho
Haciendo girar el trompón
Y mi hermana muy feliz
Con su muñeco pepón
Lo llevaba en la sillita
Y le daba el biberón
Qué bien nos lo hemos pasado
Jugando en el parque los dos
Mi hermana con su muñeco
De serrín y de cartón
Y yo con mi nuevo trompón
Verde, amarillo y marrón

2 nov. 2009

LA BICICLETA - Recuerdos de mi niñez


Había terminado el curso y empezado las vacaciones de verano y yo ya estaba ansiosa por ir al pueblo de mis abuelos donde me reencontraría con mis amigas, a las que hacía un año que no veía y también, por qué no decirlo, con mi amor platónico, pero para mi desgracia parecía que, al menos por el momento, eso no iba a ser posible.

Mis padres habían sido invitados por unos amigos, a pasar unos días con ellos en un pueblecito de La Rioja. Solo serán ocho días me dijo mi madre al ver que yo fruncía el ceño al comunicármelo y luego, al igual que todos los años, iremos a nuestro pueblo y pasarás allí el resto del verano. Yo protesté enérgicamente y pedí que me dejaran a mi con mis abuelos y con mi hermana que se había quedado con ellos, pero todo fue inútil y sin ninguna gana y refunfuñando empecé a preparar la maleta.

Ya en el viaje yo seguía seria y sin decir palabra. Mi madre me miraba de reojo y pensando, seguramente, que lo mejor sería no hacerme caso, se dedico a conversar con mi padre, sin prestarme la mínima atención.

Llegamos al pueblo al mediodía, con un sol de justicia, donde se achicharraban hasta las moscas. Nos estaban esperando Alberto y Lucía, que así se llamaban los amigos de mis padres y después de los consabidos saludos, nos encaminamos hacia su casa.

Yo me sentía muy mal anímicamente, si ya el hecho de pasar esos ocho días alejada de mis amigas, a las que tenía grandes deseos de ver, me deprimía, ese sentimiento se iba acrecentando a medida que íbamos hacia la casa. No me gustaba nada este pueblo; las viviendas eran bloques de 3 ó 4 pisos, con comercios en los bajos y las calles estaban asfaltadas y no adoquinadas como en mi pueblo y aquello mas que un pueblo parecía un barrio cualquiera de una ciudad.

Llegamos a la casa y después de acomodarnos en las habitaciones que nos habían destinado, nos aseamos y pasamos al comedor para degustar la sabrosa comida que nos habían preparado. Yo con el ceño fruncido, comía en silencio, sin decir palabra, cosa que a mis padres les dejaba fríos, pues ya conocían esta reacción mía cuando no conseguía lo que quería. En la sobremesa, mientras mis padres y sus amigos conversaban animadamente, yo miraba la televisión sin mayor interés, muy seria y callada como una muerta, hasta que Lucía se percató de ello y dando por hecho que mi actitud era debida a que con gente mayor me aburría, muy amablemente me dijo….tengo una sobrina de tu edad, muy alegre y simpática, mañana la llamo para que salga contigo, verás que bien lo vais a pasar.... Hice una mueca que quería ser una sonrisa y seguí mirando la televisión sin decir nada y pensando en lo que estarían haciendo mis amigas. Al cabo de un rato, harta ya de la televisión, mi interés se centró en unos tebeos que había comprado un poco antes de emprender el viaje y así fui pasando la tarde, hasta que llegó la noche y sin cenar, solo con un vaso de leche que Lucía se empeño en que tomara, me fui a la cama.

El viaje sumado al aburrimiento hizo que me durmiera pronto, aunque pasé una noche bastante inquieta y no descansé bien. Por la mañana, al contrario que en mi pueblo que me despertaba oyendo el gorjeo de los pájaros y el cacareo de las gallinas, me desperté con el vocerío de las gentes y el ruido de los coches y eso unido a que no había dormido bien, hizo que empezara el día de bastante mal humor.

A media mañana Lucía, tal como me había prometido, llegó con una niña, mas o menos de mi edad y me dijo….mira esta es mi sobrina, se llama Esther, espero que seáis buenas amigas.... La verdad es que nada más verla me cayó muy bien, tenía la cara llena de pecas, unos ojos muy vivos y de mirada muy pícara y una amplia sonrisa. El sentimiento fue mutuo, pues al momento me di cuenta que yo también le había causado una buena impresión. Me comentó que tenía un grupo de amigos, niños y niñas, muy divertidos y lo pasaban muy bien y de seguro que yo también me iba a divertir mucho con ellos. Todos me recibieron con gran simpatía y me hablaban y trataban como si me conocieran de toda la vida, lo que hizo que me sintiera muy a gusto y me olvidara, al menos por el momento, que no estaba con mis amigas de siempre.

Pasaron varios días y yo, al contrario de lo que había supuesto cuando llegué, me lo estaba pasando muy bien. Todas las mañanas, Esther y el resto del grupo, como si fuera un rito, tenían por costumbre ir a nadar a la presa y como estaba en las afueras del pueblo, lo hacían en bicicleta. Yo no sabía montar en bici y por tanto me llevaban de paquete, alternándose entre ellos. Esta situación me hacía sentir un poco mal y un día les pedí que me enseñaran a montar. Me sujetaron la bicicleta, me subí a ella, empecé a pedalear y lentamente fui avanzando unos metros. Entusiasmada pedí (igual que los toreros) que me dejaran sola, así lo hicieron y con gran sorpresa de todos seguí, aunque un poco tambaleante, circulando sin problema. Estaba eufórica, esto es muy fácil, pensaba, y pedaleando con gran entusiasmo me encaminé hacia el pueblo, seguida de todo el grupo que rápidamente montaron en sus bicis y vinieron tras de mi.

Llegué por fin al pueblo, con todo el séquito detrás y enfilé por una calle que no conocía, pero eso no me importaba, la cuestión era seguir pedaleando. Era una calle larga y estrecha con una pequeña pendiente que por momentos se iba haciendo más pronunciada, debido a lo cual la bicicleta iba cogiendo más velocidad. Me entró un poco de miedo y apreté el freno para aminorar la marcha y entonces el miedo se convirtió en pánico, al ver que el freno no funcionaba. Muy nerviosa dejé de pedalear mientras la bicicleta seguía a toda pastilla. Menos mal que no hay gente, pensé, pero en mala hora lo pensé, pues en aquel mismo momento vi a una mujer que se disponía a cruzar la calle y aunque yo la gritaba tratando de advertirla no se percato de mi presencia y mucho menos de que iba sin frenos, entonces al llegar junto a ella, para no atropellarla, no se me ocurrió otra cosa que empujarla con la mano para apartarla de mi camino, lo que hizo que la buena mujer diera con sus posaderas en el suelo. Muy enfadada empezó a insultarme pero solo acerté a oír las últimas palabras “cona” de lo que deduje que las primeras habían sido “mari”.

Aquello parecía la vuelta ciclista, yo a la cabeza y todo el pelotón detrás diciéndome a voz en grito algo que no entendía, pues lo hacían todos a la vez. Al llegar a una parte en que la calle se estrechaba aún más, tuve la genial idea, para aminorar la velocidad, de utilizar el brazo como freno, arrimándolo a la pared, lo que me dejó el brazo lleno de rasponazos pero sin conseguir mi objetivo.

No sabía qué hacer, salvo dejar de pedalear y aguantar el tipo tratando de no caerme, con la esperanza de que la bicicleta en algún momento se parara, pues ya la calle había dejado de ser pendiente. De pronto creí ver la solución. Casi al final de la calle junto a la acera, había varios fardos de hierba bien amontonados, que al parecer acababan de descargar y debían de estar a la espera de ser guardados y entonces me dije “Elenita, ahora o nunca”. Dirigí la bicicleta hacia esos fardos y dejé que chocara contra ellos. Se tronchó la rueda delantera, se torció el manillar y yo reboté sobre los fardos que por ser de hierba fresca, amortiguaron muy bien el golpe. De momento quedé un poco conmocionada, pero más por el susto que por el golpe, pues como digo, los fardos de hierba fueron casi como un colchón. No sé si por el griterío de mis amigos, que se asustaron muchísimo o por el revuelo que se armó, el caso es que el dueño de los fardos se presentó al momento y al ver varios de los fardos deshechos, con la hierba esparcida por la acera y la calzada, montó en cólera, pero al verme a mí con la bicicleta caída sobre ellos, pasó de la cólera a la preocupación, quizá pensando que él podría haber sido el causante del accidente, al no retirar a tiempo los fardos. Por supuesto que ni a mí ni a nadie del grupo, se nos ocurrió sacarle de su error.

Yo aunque me sentía aliviada por el “feliz” aterrizaje, estaba avergonzada por el revuelo que había armado y muy agobiada porque había destrozado una bicicleta que no era mía, pero para mi asombro, la dueña de la bici estaba encantada, pues decía que era ya muy vieja y de esa forma le comprarían otra.

Como en los pueblos las noticias, por simples que sean, vuelan, cuando llegué a la casa, mis padres y sus amigos, al igual que todo el pueblo, ya se habían enterado. Mi madre estaba enojadísima… pero hija, me decía, contigo no ganamos para sustos y además en todos los sitios tienes que dar la nota, un día te caes de una encina, otro montas un escándalo durante la misa de difuntos en el cementerio porque te pica una avispa, y otro en el casino, casi tiras la puerta del aseo abajo con golpes y patadas, porque te has quedado encerrada y así un día tras otro, a ver hija cuando te cansas de montar numeritos….

Yo trataba de justificarme y miraba a mi padre buscando, como hacia siempre, que me defendiera. Papá dile que no es mi culpa, pues yo no sabía que la bici no tenía frenos y tampoco fue mi culpa que se rompiera la rama de la encina, ni que una avispa se enredara en mis trenzas o que la puerta del aseo se atrancara, es que me persigue la mala suerte. Mi padre poniendo cara de “póker” para esconder la risa asentía con la cabeza.

Mi madre seguía y seguía regañándome mientras me curaba las magulladuras del brazo, pero yo ni la oía, estaba muy orgullosa de mi misma. Había aprendido a montar en bici en un día y además en una bici sin frenos, eso a mis doce años me parecía una gran hazaña. Que ganas tenía de ir a mi pueblo y contárselo a mis amigas, ahora solo faltaba camelar a mis padres para que me compraran una, aunque con la que me estaba cayendo……, pero tenía a mi padre, que siempre me cubría en mis travesuras y seguro que con su ayuda lo conseguiría, pero eso si, tendría que ser una bicicleta con unos buenos frenos.

Después de todo, mi odisea no había terminado del todo mal y como dijo alguien, bien está lo que bien acaba

Ese año no conseguí la bicicleta, pero pude lucirme en mi pueblo ante mis amigas (y por supuesto ante mi amor platónico) con una bicicleta alquilada. Al año siguiente conseguí que me compraran una.



1 nov. 2009

EL CAMPOSANTO

Hoy, día en España de obligada visita a los cementerios, no podía faltar mi poema dedicado a ellos


Tienen los cementerios algo que me atrae y me fascina. Quizá su romántico halo de misterio o tal vez la dulce paz que me transmiten cuando camino entre sus tumbas contemplando los panteones, algunos muy hermosos , expresando en sus bellas formas una amargura y desolación majestuosa.


Me atraen sobre todo los cementerios de los pueblos, que suelen estar en lo alto de una colina como queriendo alcanzar el cielo, con sus sencillas tumbas en la misma tierra, recordándonos que pertenecemos a ella y a ella hemos de volver, tumbas custodiadas por hileras de cipreses que se mecen lánguidamente empujados por el viento, un viento que a veces parece hablar con las ramas y otras entonar un triste y melancólico canto.

Es tal el magnetismo que me producen los cementerios, que me gusta pasear por ellos, en silencio, sin pensar en nada, sintiendo que es un hermoso y plácido lugar para dormir el sueño eterno.


Tu romántica nostalgia
Hacia ti encamina mis pasos
Hechizándome la asonancia
De tus suspiros y llantos
Y apartando los silencios
Por tus dominios avanzo
Escuchando solo al viento
Que con su trémulo canto
Pinta arpegios cenicientos
En la faz del camposanto

Nada pienso…nada digo
Voy tras los rayos de sol
Que en el prado del dolor
De oro cubren los caminos
De sueños que yacen rotos
Por el juego del destino
Y junto a sombras de olvido
Vago aspirando aromas
De los recuerdos cautivos

Allá en la tierra de nadie
Allá en la tierra de todos
Mi sitio me está esperando
Para cubrirlo de flores
Para cubrirlo de llanto
Allí donde la pradera
Borda de duelo su manto
Allí donde a la pradera
Se la llama camposanto


HAIKUS



Lluvia temprana
Con aroma de frutas

Saluda al alba


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Se quiebra el cielo
Ángeles etéreos
Mudan sus alas


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Nace una estrella
Entre nubes de fuego
La luna espera


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Ruidos ocultos
Mil ojos al acecho
El miedo ataca
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Ruge el silencio
Centinelas del viento
Mecen los sueños
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