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27 abr. 2010

A UN NIÑO


Que bello eres niño...que bello
Con tu inocencia y candor
Entre el hambre y el dolor
Palpitando está con fuerza
Tu pequeño corazón

Querubín de negro cabello
Y de azabache la piel
Con olor a menta y romero
Y sonrisa con sabor a hiel
Son tus ojos dos estrellas
Esculpidas en marfil
Que radiantes del cielo cayeron
Una noche oscura de abril

Manitas de seda y jazmín
Agarrándose fuerte a la vida
Y la boca una flor carmesí
Que sedienta se marchita

Tú no eres canto de vida
No eres ilusión y esperanza
Eres promesa perdida
Que nació y murió con el alba

Tu grito desesperado
Es clamoroso lamento
Que sube alto…muy alto
Pero lo ahoga el silencio

Llora fuerte niño mío
Que tu llanto hoy dolorido
Y envuelto en el desaliento
Mañana será un bramido
Que romperá los cimientos
De este mundo corrompido

25 abr. 2010

EL ENTIERRO


Por el camino polvoriento
En silencio el cortejo pasa
Un rayo de sol incruento
Que la quietud acompasa
Pone reflejos de plata
Sobre los campos sedientos

Semblantes que escupen tristeza
Van al muerto acompañando
Tímida la lluvia austera
Llega cual plañidera
Por el difunto llorando

Las campanas de la iglesia
A muerto están repicando
Y allá en el campo santo
Con el rostro compungido
La gente le esta esperando
Para despedir con llanto
Al amigo que se ha ido

En sus entrañas la tierra
Con suspiros y oraciones
El cuerpo sin vida recoge
Los rumores de aflicciones
Hasta al aire sobrecogen

Ya han callado las campanas
Y el cielo pinta de grana
Sus reflejos estelares
Lenta la comitiva
Regresa hacia sus hogares
La misión está cumplida
Hoy es todo y nada será mañana
El muerto en el hoyo se olvida
Y los vivos … de jarana

24 abr. 2010

NO DIGAS NADA



No digas nada, solo abrázame
Apriétame junto a tu pecho
Y siente el calor de mis besos
Que de mis labios sedientos
Escapan cual mariposas
Buscando calmar en tu boca
Esta sed que me sofoca

No temas...ven a mi lado
Acerca tu mano a mi piel
Y siente mi carne encendida
Que es antorcha enfurecida
Queriendo contigo arder

No digas nada...solo mira mis ojos
Que brillan radiantes por ti
Y escucha mi corazón
Que a gritos te esta llamando
Implorando del tuyo amor

No digas nada...solo ven conmigo
Yo sabré amarte como deseas
Veremos juntos mil primaveras
Y cuando llegue el invierno frío
Cubriré nuestro lecho de rosas
Y haré crecer para ti los lirios

Ven amor ven... no temas

21 abr. 2010

LA MATANZA


Era aún muy temprano y yo ya me había despertado. Aunque no tenía que ir al colegio, pues eran las vacaciones de Navidad, la costumbre había hecho que me despertara pronto. No tenía sueño, pero me encontraba muy a gusto en la cama y me resistía a salir de ella.

Hacía frío, durante la noche había nevado y la escarcha cubría parcialmente los cristales de la ventana. La casa de mis abuelos, donde yo solía ir a pasar las vacaciones, tanto las de verano como las de invierno, era una casa de pueblo, una casa grande de tres pisos, dos de vivienda y el tercero un camarote donde guardaban la paja, alimento para el ganado en el invierno y que además estaba lleno de trastos y artilugios que a mi me fascinaban y me gustaba ir a curiosear. En los bajos había un establo que, a esas horas de la mañana, era la zona mas caliente de toda la casa. Una cocina económica, o sea de leña y carbón, además de algún que otro brasero distribuido por la casa, era lo que poco a poco la caldeaba.

Estaba acurrucada en la cama viendo, a través de los cristales cubiertos de escarcha, los montes nevados y dejando correr la imaginación con sueños y fantasías propias de una niña de 8 años, cuando unos estridentes chillidos me sobresaltaron. Metí la cabeza entre las mantas a la vez que con mis manos me tapaba los oídos. Sabía lo que eran aquellos gritos pero no podía soportarlos, me angustiaban y me daban escalofríos.

Era la época de la matanza y como todos los años por esas fechas, mis abuelos, como la mayoría de los aldeanos, mataban un cerdo. Solían hacerlo en el portalón de la entrada y aunque los dormitorios estaban en el primer piso, los gritos del cerdo eran tan fuertes que se oían desde cualquier rincón de la casa.No sabía, ni lo sé ahora, el por qué de matar al cerdo de una forma tan cruel. Por supuesto que no es por sadismo, debe de tener sus razones, pero yo, a pesar de que año tras año vivía el mismo ritual, no me acostumbraba y siempre me producía una terrible sensación de angustia, a la vez que una gran pena por el pobre gorrino, aunque luego me encantaba comer el jamón y los chorizos.

Estuve un buen rato metida bajo las mantas, hasta que por fin me di cuenta que el cerdo había pasado a mejor vida, entonces perezosamente me levanté de la cama y mas perezosamente aún fui a asearme, bueno mas bien a lavarme como los gatos, como diría mi abuela, pues con el frío que hacía cualquiera se ponía bajo el grifo. La casa no tenía agua caliente, cuando se necesitaba se sacaba de un deposito que la cocina económica llevaba incorporado, pero claro, la cocina estaba en el piso de abajo y llegar hasta ella, con aquel frío y en ropa de cama, era toda un heroicidad, así que lo más practico era asearse con el agua de una jarra que por la noche se subía a la habitación y aunque no estaba tan fría como la que salía por el grifo, para una cría de 8 años era casi una tortura.

Después de asearme, sin apenas tocar el agua, bajé a desayunar mi tradicional desayuno, un tazón de leche de las vacas del establo, con pan desmigado, que a mi me sabía a gloria y que hoy día, a pesar de haber rebasado el medio siglo, sigo tomando con deleite, aunque la leche ahora no sea la misma.

Cuando terminé mi desayuno salí al portalón, para ver el trajín de la matanza que me gustaba mucho contemplar, pues después de superado el sofocón por los chillidos del animal, toda la parafernalia que seguía me entusiasmaba. En los pueblos, la matanza del cerdo es casi como una fiesta que incluso, al final, se remata con una gran comilona compuesta de una buena alubiada con todos los sacramentos, como llaman aquí a los productos del cerdo que se echan al cocido de alubias, que son chorizo, morcilla, costilla y tocino.

En el portalón, sobre helechos secos, estaban chamuscando al cerdo para quemar todos los pelos de la piel. Como hacía frío, era muy agradable estar allí y me quedé contemplando como después de chamuscarlo y rasparlo para quitarle lo quemado, lo colgaban de un gancho que había en el techo, colocado para ese fin. De esta guisa lo abrían en canal y lo vaciaban y así colgado lo dejaban hasta el día siguiente para que se oreara y a la espera de ser analizado por el veterinario y que éste diera el visto bueno para su consumo. Entonces lo descuartizaban y era cuando comenzaba el verdadero trabajo de la matanza, que consistía, después de descuartizarlo, en confeccionar las morcillas y los chorizos, preparar los jamones para su curación, así como el lomo, el tocino y demás partes del cerdo, que todo ello serviría para tener una buena despensa durante el invierno y que no faltaran alimentos, sobre todo si se quedaban, como pasaba a veces, bloqueados por la nieve.Yo no perdía detalle, una vez muerto el animal y sabiendo que ya no sufría, no me impresionaba ver todo aquello y me sentía muy a gusto en aquel ambiente caldeado y con olor a humo.

Al cabo de un rato, ya me empecé a aburrir y pensando que lo del día siguiente sería mas emocionante, me abrigué bien y salí a corretear, junto con otras niñas, por el pueblo, que cubierto de un reluciente manto blanco parecía una postal de navidad y resultaba muy divertido librar batallas de bolas de nieve, así como ir en busca de carámbanos, o chupetes de hielo, como los llamábamos y que chupábamos con gran fruición como si de golosinas se tratara.

Pasé toda la mañana correteando y tirándome sobre la espesa y blanca capa que parecía un lecho de algodón, saltando sobre los charcos de hielo, chupando carámbanos y haciendo muñecos de nieve. Me sentía feliz, y ya me había olvidado totalmente de aquel pobre que colgaba de un gancho, a la espera de ser descuartizado.




18 abr. 2010

SEDUCIDA Y ABANDONADA



Bajo las ramas del sauce
Su inocencia le entregó
Al hombre que aquella tarde
Eterno amor le juró

Ahora camina sin rumbo
Escondiendo su dolor
Y meciendo entre los brazos
El fruto de aquel amor

Era una rosa encendida
De belleza inmaculada
Que en la floresta crecía
Entre flores arropada
Pero un viento malquerido
La flor del jardín arrancó
Perdiéndose su fragancia
Por un cielo sin color

Ya no mira las estrellas
Suspirando enamorada
Solo vive para el hijo
Nacido de sus entrañas
Guardando dentro del alma
El sueño aquel que soñó
Bajo las ramas del sauce
En una tarde de amor

14 abr. 2010

SOLO BRILLÓ UN INSTANTE



Dedicado a un bebé que murió al poco de nacer


Brumas de soledad
Van cubriendo la mañana
Empañando los cristales
De las ventanas del alma

Solo brillo un instante
Con fulgente resplandor
Y en el valle de las sombras
Como un efímero sueño
En silencio se perdió

Envuelto en nubes volaba
Al encuentro de la luz
Pero el brillo de la plata
Que recubría su cruz
Cegó para siempre sus ojos
Y en el valle de las sombras
Como un efímero sueño
En silencio se perdió

Solo brilló un instante
Y entre lágrimas de cera
Un corazón sangrante
Callado clausura su pena

Dos estrellas han caído
Sobre la tierra sagrada
Sorbiendo de sus entrañas
El latido enmudecido
Que solo brilló un instante
Con fulgente resplandor
Y en el valle de las sombras
Como un efímero sueño
En silencio se perdió

1 abr. 2010

LA PROCESIÓN


Ya la procesión avanza
Por el camino empedrado
Ya se siente la tristeza
De sentimientos callados
Allí donde el pueblo llano
Donde la tierra se quiebra
Bajo el cielo castellano

En andas al Nazareno
Ya le llevan entre cuatro
Y detrás La Dolorosa
Entre jazmines y rosas
Junto a cirios de alabastro

Ya se oyen los tambores
Golpeados sin descanso
Por los cofrades cubiertos
Con sus capirotes blancos
Y tras ellos van los fieles
Con las velas alumbrando
Los hombres muy silenciosos
Y las mujeres rezando
Y las voces de los niños
Cual querubines cantando

Les siguen los penitentes
Que van caminando descalzos
Con los pies ensangrentados
Y una plegaria en los labios

Ya se mezclan en el aire
Junto a oraciones y cantos
Olor a incienso y a cera
A sangre, sudor y llanto
Allí donde el pueblo llano
Donde la tierra se quiebra
Bajo el cielo castellano