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24 abr. 2017

LA TULLIDA - Soneto


La tristeza sus ojos apagaba
y en el alma la noche se escondía,
con quimeras y sueños se perdía
por el mágico mundo que inventaba.

A su príncipe azul ella esperaba
aun sabiendo que nunca llegaría,
y la joven así languidecía
evocando vivencias que anhelaba.

Maldecía con gesto furibundo
que su madre tullida la pariera,
y sus ojos color azul profundo
parecían los ojos de una fiera,
pero luego encerrándose en su mundo
lloraba sin que nadie lo advirtiera.