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23 abr 2012

¿BUENOS O TONTOS? (Mis charlas con D. Manuel)


Una vez más D. Manuel
Sus consejos yo requiero
Para calmar el coraje
Que saca mi lado fiero
Pues como Vd. de la vida
Está ya más que curtido
Pienso que puede explicarme
El porqué de este sinsentido

La razón por la que a España
Una vez y otra  también
Le dan en el mismo papo
Y se deja zaherir
Como un muñeco de trapo
Aunque debiera decir
A la España del Quijote
Y a nosotros sus herederos
Los tontos de capirote

Pero pensándolo bien
No es de extrañar D. Manuel
Que nos tomen tanto el pelo
Pues al igual que el Quijote
No andamos a ras del suelo
Y confundimos dragones
Con mariposas en vuelo

Dígame Vd. D. Manuel
Si es que somos buena gente
O confiados y tontos
O simplemente inconscientes
Pues como se puede entender
Que a todos los  inmigrantes
Tantas ayudas les den
Cuando hay muchos españoles
En muy malas condiciones
Sin trabajo, sin ayudas
Y sin nada  que comer

No me malinterprete
Mi querido D. Manuel
Es deber de buen cristiano
Ayudar a todo hermano
Que sufre y que no está bien
Pero creo que es de recibo
Y lógico y natural
Que si las cosas van mal
Primero son los de casa
Y mas tarde…..los demás
Pero aquí querido amigo
Contrario al resto del mundo
Lo estamos haciendo al revés
Por eso yo le pregunto
¿Qué nos pasa D. Manuel?
¿Hay algo en nuestro cerebro
Que no nos funciona bien?
Porque también tiene gracia
Aunque no es para reir
El caso de la expropiación
Que no es un caso pueril
El caso de la gallina
Que quieren recuperar
Pensando que huevos de oro
Pueden de ella sacar

La gallina que un país
No podía alimentar
Ofreció venderla a España
Y ésta se prestó a comprar
La alimentó y la cuidó
Y la hizo prosperar
Y ahora que esta rechoncha
Nos la arrebatan sin más
Esgrimiendo un argumento
Que para nada es legal
Y encima nos amenazan
Con arrebatarnos más.
Dicen que nació en su tierra
Y aunque se pagó por ella
Que es de su propiedad
Y yo me digo a su vez
Que tan  hija de la tierra
Lo era antes de vender

Y lo peor D. Manuel
Es que nunca  aprendemos
Pues estos de la gallina
No es la primera vez
Que nos pegan un revés
O nos ponen la zancadilla

Pero nosotros el pueblo
Gente corriente y de a pie
Nada podemos hacer
Si los que están por arriba
Los que tienen el poder
Con el rabo entre las patas
La tostada se dejan comer

Mas no me parece justo
Ni es un buen proceder
De nosotros los españoles
Personas que somos de bien
Que se tomen represalias
Con la gente simple y llana
Que nada tiene que ver
Con las absurdas gestiones
E incorrectas decisiones
De un gobierno de papel
Que lo único que busca
Es engordar el bolsillo
Y seguir en el poder
Teniendo en cuenta además
Que ya quedan hostigados
Con la misma  expropiación
Pues para su desventura
Ésta  les pasará factura
Y el tiempo dará la razón
A esos que profetizan
Que ha sido un flaco favor
Pues será un duro castigo
Para este país “amigo”
Tan errónea y engañosa decisión

Ésta nuestra piel de toro
Tierra de conquistadores
Parece se ha convertido
En  una piel de ratones
Porque nos la dan con queso
En todas las ocasiones

¿Dónde quedó aquella España
Brava y de sangre caliente?
Aquella España del Cid
Que se ganó una batalla
Incluso después de morir
La de Pizarro y Hernán Cortés
La España que en algún tiempo
El mundo tuvo a sus pies

De aquella España valiente
Admirada y respetada
Por su bien saber hacer
No más queda la nostalgia
De lo que fue y no es
Y un sentir que para muchos
Es casi un dogma de fe
“Para vivir de rodillas
Es mejor morir de pie”


21 mar 2012

LA PRIMAVERA


Ya están aquí las mariposas
Los cerezos  han florecido
Y escondidos en sus ramas
Los gorrioncillos hacen sus nidos
Los fríos, como vinieron, se han ido

Leños despojados embellecen
En deslumbrante armonía
Y la tierra generosa nos ofrece
Su fecunda lozanía

El sol arrebolado camina
Al encuentro de la alborada
Haciendo reverdecer la colina
Bajo aureolas doradas

Arrebatadas por las fragancias
Que arriban de la floresta
Zumbando con musical resonancia
Veloces las abejas se acercan

Arde la sangre en las venas
Y el corazón se acelera
Seductora  y hechicera
Llega por fin la primavera

8 mar 2012

SOY MUJER (En el día de la mujer)


Soy mujer, pese a quien pese
Mas no quiero de ello alardear
Pues el merito no es mío
Solo fue casualidad

Pude haber nacido hombre
¡Que horro! ¡Que barbaridad!
Pero fueron los cromosomas
Se quisieron duplicar
Y en vez de ser XY
Fueron dos X no más

Claro que ha sido una suerte
Que me haya tocado este par
Pues si me pongo a pensar
Que por un baile de letras
Podría haber sido un tío
Y quizá de armas tomar
Me dan hasta escalofríos

Que sofoco por dios
Solo de imaginar
Que si hubiera sido hombre
Tendría tal vez que aguantar
A más de una mujer
Complicada y peculiar
Y difícil de entender

Sin embargo los hombres
Son fáciles de llevar
Tan simples que con muy poco
Se les puede contentar
Y como son como niños
Con solo unos arrumacos
Los tienes en el bolsillo
Pero no son mala gente
Hay que reconocer
Y con un poquito esfuerzo
Se les puede hasta querer

Claro que algunas veces
El ego se les revuelve
Y agarran alguna rabieta
Pero nosotras astutas
Dirigimos bien la orquesta
Manejando la batuta

Espero no clamen venganza
Los del XY por mis rimas
Que solo son una chanza
En busca de una sonrisa
Y ya que hemos de viajar
Por la misma travesía
Hagámoslo de la mano
En amistad y alegría
Pues aunque somos distintos
En cuestión de anatomía
Todos somos cofrades
De una misma cofradía



16 feb 2012

CARNAVALES


Llegaron los carnavales
Caretas camuflajes y antifaz
Todo sirve….todo vale
La cuestión es disfrutar

Lo mismo ves a una monja
Queriendo a un cura ligar
Que a una enfermera muy sexy
Marcándose un cha cha cha

Hay hombres aficionados
A vestirse de mujer
Con pelucón y corsé
Con minifalda y tacones
Y con dos buenas naranjas
A falta de dos melones

Da igual ser feo que guapo
Apuesto que desgarbado
Ocultos tras los disfraces
Todos nos hermanamos

Claro está que para muchos
Todo el año es carnaval
Pues llevan pegado a la piel
La careta y el disfraz


12 feb 2012

COSAS DE NIÑOS


Los niños son lo mejor de la vida. Son sinceros, nobles y libres de toda hipocresía, a veces pueden ser un poco crueles pero, si lo son, es  por su total sinceridad, porque dicen las cosas tal cual las sienten o piensan, no tratan de ser, como los adultos, políticamente correctos. Los niños son niños, pero no son tontos, aunque a veces pretendamos tratarlos como tal, y su lógica suele ser aplastante. La pena es que crecen y les atrapa el mundo.

Una de mis hijas, cuando tenía 5 años, vino un día del colegio y muy compungida me dijo….mamá yo creí que lo de morir era mentira, pero me han dicho en el cole que es verdad. Yo no sé lo que una niña de 5 años podía entender por morir, no sé qué concepto tendría de la muerte, pero desde luego ella sabía que no era bueno, pues me lo decía casi llorando. A mi me dio verdadera angustia que con solo 5 años, tuviera ya esa preocupación. Como es lógico no iba a mentirla, pero tampoco iba a profundizar en el tema con una niña y tratando de no darle importancia le dije: Si cariño, es cierto, todos tenemos que morir, pero no te preocupes, que a ti te falta mucho, eso ocurre cuando se es muy viejito. Con esa explicación se quedó tranquila y yo pensé que se olvidaría del tema.

Al de unos días, regresábamos del colegio y nos encontramos con unos conocidos de edad avanzada. Nos paramos un momento a hablar y en medio de la conversación mi hija les dice….vosotros sois muy viejitos, os moriréis pronto…. Yo me quedé petrificada y avergonzada, pero ellos se echaron a reír y seguimos conversando como si tal cosa. Pensé que esto había sido una cosa puntual, pero al cabo de unos días, volvió a ocurrir lo mismo, esta vez con un vecino también mayor. Estábamos en el ascensor y, sin venir a cuento, le soltó lo mismo… tú eres muy viejito y te morirás pronto.
A los niños, cuando se les dice que no hagan algo lo hacen más, por eso yo no sabía si reprenderla o hacer como que no me enteraba. Opté por esto último y pensé que había acertado, porque parecía que había olvidado el tema pues no se había vuelto a repetir.

Un día la estaba vistiendo para ir al cumpleaños de mi abuela y le dije, vamos a ir a casa de la abuela bisa, que es como la llamaban mis hijos por lo de bisabuela, porque es su cumpleaños. La abuela bisa es muy viejita ¿verdad? me preguntó. Si muy viejita le dije, entonces se morirá pronto, me volvió a decir. En aquel momento comprendí que seguía con esa obsesión. Me preocupó que se lo pudiera soltar a mi abuela, como era su costumbre y que al ser ésta tan mayor le pudiera afectar, así que le dije, no sé si se morirá pronto, pero no se te ocurra decírselo. Me miró muy seria y me dijo…. No mama, no le voy a decir eso, le voy a decir…abuelita eres tan viejita, tan viejita, que ya estás muerta.

Otra anécdota, que demuestra la lógica aplastante de los niños, es lo que nos contó una vez una conocida respecto a su hijo de 6 años.

La profesora del niño, había llamado a la madre para qué fuera al colegio a entrevistarse con ella. Parece ser que el niño tenía la costumbre de levantar las faldas a las niñas y claro las niñas le tenían miedo. Como no hacía caso a las reprimendas y castigos de la profesora, ésta había llamado a la madre para contárselo y que ella tratara de hablar con el niño y le recriminara.

Cuando el niño llegó a la casa, la mamá le dijo lo que le había contado la profesora y le regañó por ello. Eso de levantar las faldas a las niñas está muy feo ¿ por qué lo haces?. Porque quiero verles las bragas, le contestó el niño. Ah ¿es por eso? le dijo su madre, pues no te preocupes que vas a ver bragas. Le llevó a su dormitorio, abrió la cómoda y le puso sobre la cama un montón de bragas. Mira aquí tienes toda clase de bragas, con flores, con bordados, de colores… míralas todas bien. El niño se quedó muy serio mirando las bragas y dijo….pero así no es lo mismo, estas no tienen un culo dentro.

Lo que digo, la lógica aplastante de los niños




3 feb 2012

MI NIETA...MI GRAN AMOR (En sus 5 añitos)


Mi vida, mi gran amor
Hoy cumples un año más
Y me embarga la emoción
Al ver como brillan tus ojos
De alegría y de ilusión

Tu mundo es aún muy chiquito
Solo piensas en jugar
El cole, los amiguitos
El cariño de mamá
Los abuelos y los tíos
Para ti no existe más
Tu pequeña y corta vida
No conoce aún la maldad

Te miro y me enternece
Ver tu inocente alegría
Y al mirarte me entristece
Que puedan robártela un día

Quisiera pequeña mía
Protegerte hasta morir
Que no padecieras penas
Que nadie pudiera herirte
Que fueras siempre feliz

Mas no hay rosas sin espinas
Y éstas en tu corazón
Quizá te las clave la vida
Y yo que te quiero tanto
Sufriré con tu dolor
Pero no podré evitarlo
La vida a veces se cobra
Lo que un día regaló

No olvides nunca mi amor
Lo mucho que yo te quiero
Y que en tu abuela tendrás
Amor desprendido y sincero
El calor de un amor certero
Porque tú en mi corazón
Siempre serás lo primero



22 dic 2011

22 DE DICIEMBRE - Día de la salud y el trabajo


La salud y el trabajo
Es la mejor lotería

Este “proverbio” en España
Se ha hecho tan popular
Que siempre se le recuerda
En fiestas de navidad
Y suele oírse ese día
Que sortean la lotería
Lotería nacional
Y como es de imaginar
Se va diciendo entre aquellos
Que se quieren consolar
Porque de esa lotería
Ni un chavo han podido catar

Es por eso que unas rimas
Hoy le voy a dedicar
A esta frase que al igual
Que el turrón y el mazapán
Se ha ganado por derecho
Un sitio en la Navidad


¿D Manuel se ha percatado
Que hoy hay nuevos millonarios?
Pues nuestra diosa fortuna
De navidad lotería
Llegando siempre oportuna
Sus dardos ha disparado
Y ha hecho diana la muy tuna
En muchos afortunados
Que no somos ni Vd. ni yo
Pues ni un chavo nos ha tocado

Mas no hay que sufrir por ello
Y menos venirse abajo
Que hoy día de la lotería
También se celebra el día
De la salud y el trabajo
Y aunque ya tenemos años
De salud no andamos mal
Y todavía hay redaños
“Pa” trabajar como antaño
Sin importarnos la edad

Por eso querido amigo
Con jolgorio y alegría
Unámonos a todos esos
Que tocó la lotería
Disfrutemos a destajo
Que la salud y el trabajo
Hoy tienen también su día


21 dic 2011

AQUELLAS NAVIDADES PASADAS

¡Como añoro aquellas Navidades de mi infancia!, tan iguales pero tan distintas a las de ahora. Aquellas navidades eran unas fiestas mágicas y entrañables. En la mayoría de los hogares, así como en los escaparates de muchos comercios, se montaba el Belén y la noche del 24, después de la cena, era costumbre ir a la misa del gallo, que se celebraba en todas las iglesias y que ahora, solo en algunas se celebra.

Durante muchos años se siguió con la tradición del Belén, pero llegó el árbol (costumbre extranjera) y lo desbancó. Los comercios dejaron de poner en sus escaparates el belén, para poner un ostentoso y brillante árbol, que nada tenía que ver con el sentir religioso con el que se vivía la Navidad y que poco a poco va desapareciendo y aunque en muchos hogares aún se conserva la tradición del belén, el protagonista principal de estas fiestas es el árbol. Menos mal que no se han cargado a los Reyes Magos sustituyéndolos por Papá Noel. Nuestros niños aún sueñan con ellos, aunque también lo hagan con Papá Noel, porque son muy listos,  así tienen regalos por partida doble y en mi tierra por partida triple, porque también está el Olentzero.

El recuerdo de las navidades de mi niñez me llena de nostalgia y de tristeza porque ese, hoy día, tan cacareado espíritu de la navidad, entonces es cuando realmente existía, ahora se ha perdido. Ahora la navidad es consumismo y diversión cuanto más mejor y no digo que esté mal el gasto y la diversión. A mi también me gusta comprar regalos y pasarlo bien, pero creo que tanto lo uno como lo otro se han desmadrado y han dejado de lado el verdadero sentir de estas fiestas, se han cargado el espíritu de la Navidad. Y voy a dejar aparte lo del amor, la solidaridad y el pensar en los demás porque eso… eso como diría mi abuela, es harina de otro costal. Y ni que decir de lo ya tan repetido, de que en estas fechas todos somos mas humanos, un poco mejores. Uno es como es y si se es buena persona lo es siempre, porque eso de ser buenos a tiempos o a épocas……..Si solo se es bueno en ocasiones, es que se está fingiendo.
Todo son palabras huecas que yo creo sirven para tranquilizar las conciencias de la gente, por el derroche que se produce en estas fechas, cuando hay otra mucha gente que pasa hambre

Recuerdo que de niña, cuando ya nos habían dado las vacaciones, mi hermana y yo íbamos con mi padre al monte, a buscar musgo y cortezas de árboles, con los que luego montábamos el Belén. También cogíamos algunas ramas de acebo, para adornar la casa. El Belén lo montaba mi padre y a nosotras nos gustaba mucho ayudarle. Solíamos apuntarnos a un concurso de Belenes que organizaba la parroquia de nuestro barrio. Nunca ganábamos porque el nuestro, aunque estaba muy bien hecho (gracias a mi padre) era muy sencillo, pero nos encantaba participar, nos sentíamos importantes cuando venía un jurado a vernos el Belén y nos hacían preguntas sobre el nacimiento de Jesús, a las que tanto mi hermana como yo respondíamos muy serias.

Cuando llegan estas fechas no puedo dejar de pensar en aquellas otras navidades, quizá con menos turrón, con menos champán, con menos lujo y con menos regalos, pero con algo mucho más valioso y entrañable, el verdadero espíritu de la navidad, el que salía del corazón y se instalaba en el alma, no el que sale del bolsillo y se instala…..vayan a saber donde.

Ya sé que algunos dirán que estoy "demodé" y  también que todo tiempo pasado parece mejor y en parte es cierto pero pienso que no es éste el caso, al menos no del todo. Creo que las Navidades de mi niñez y juventud eran más sentidas, más entrañables, en definitiva más hermosas

A pesar de todo, os deseo de corazón FELIZ NAVIDAD




26 nov 2011

VIDA ETERNA



En memoria de mi madre, que el pasado 23 de Noviembre, partió hacia el valle de la eterna juventud

No importa que mis ojos se cierren a la luz
Y que la tierra se adueñe de mi cuerpo inerte
Si en el jardín que se esconde en el azul
El alma, entre un rosal y un abedul
Vivirá junto a ellos para siempre

La soledad que corrompe sentimientos
Sepultura la darán junto a mi cuerpo
Rezarán los labios con recogimiento
Allá en la casa de los muertos
Llorarán con piedad los ojos
Sobre los tristes e inútiles despojos
Y radiantes llegarán desde lo alto
Voces melodiosas llenas de beldad
Para arropar con su bello canto
El paso de mi alma hacia la eternidad

No importa que mis ojos se cierren a la luz
Y que la tierra en sus entrañas me devore
Pues liberado el espíritu del peso de su cruz
Volará sin angustias ni temores
Hacia el valle de la eterna juventud



3 nov 2011

CUANDO YO MUERA

EN MEMORIA DE UNA AMIGA QUE AYER 2 DE NOVIEMBRE, NACIO A OTRA VIDA MEJOR

El día que yo muera
No quiero que nadie me llore
Ni doblen por mí las campanas
Entonando el miserere

Que canten himnos de gloria
Y de alabanzas a Dios
Me habré ido de esta vida
Para entrar en otra mejor

Que mi cuerpo no se pudra
Entre la tierra y el barro
Que lo purifique el fuego
Que se convierta en cenizas
Y sean lanzadas al viento
Y vuelen alto... tan alto...
Que lleguen al firmamento
Allí donde las estrellas
Nunca dejan de brillar
Y acompañado por ellas
Poder hasta Dios llegar

+++++++++++++++++++
Descansa querida amiga
En tu remanso de paz
Descansa Eliana tranquila
Que tu sueño las estrellas
No han dejado de velar
Y allí al lado de ellas
Eres ya una estrella más

19 ago 2011

LA ACAMPADA (Pero no la de la Puerta del Sol)


 LA ACAMPADA

    -¡Arriba Patricia! -voceó su madre entrando en el dormitorio, a la vez que abría las persianas para que entrara la luz del día. -Normalmente la llamaban Paty salvo cuando,por alguna circunstancia, querían poner más énfasis en el nombre, como era el caso. Tan entusiasmada que estabas esperando este día, -seguía diciendo su madre-, y resulta que se te han pegado las sábanas.  Era cierto, había estado toda la semana soñando con este día y la emoción la había tenido  parte de la noche en vela y debido a ello ahora, a pesar de su entusiasmo, le costaba levantarse de la cama.

    Íban a ir de acampada y aunque era una acampada familiar estaba muy  emocionada, pues eso de dormir al aire libre, en una tienda de campaña, a sus 13 años le parecía algo maravilloso y muy excitante.  Éran tres familias las que íban a participar en la acampada.  Una sin hijos, otra con dos hijos, sus primos, y la tercera ella y sus padres.

    Por fin salió de la cama, se aseo, se vistió, desayunó y se puso a leer un tebeo a la espera de que llegara uno de sus tíos para llevarlos en su coche, ya que ellos no tenían. Al cabo de  un rato que, a pesar del tebeo, se le hizo eterno, llegó su tío.  Cargaron todos los bultos en el coche y después de que su madre comprobara que no quedaba ninguna luz encendida, que las fuentes estaban todas cerradas y que la puerta quedaba bien atrancada con sus dos vueltas de llave, subieron todos al coche y salieron camino a la aventura, que era como ella lo veía.

    El viaje a la niña no le estaba resultando nada grato, pues la carretera, que gozaba de un hermoso paisaje, tenía infinidad de curvas lo que hizo que  se le revolviera el estomago y no pudiera disfrutar del bello panorama.  Cuando por fin llegaron salió rápidamente del coche y entre la maravillosa vista que tenía delante de sus ojos y el aire fresco del mar que le daba en la cara, se le pasó el mareo y se olvidó totalmente de lo mal que se encontraba. Sí he dicho bien, el aire fresco del mar, porque la acampada era en una playa, aunque no sobre la arena, sino sobre una campa que había al lado.  Una campa repleta de arboles y helechos y lugar ideal para montar las tiendas de campaña.
La playa era inmensa y con muchas dunas que eso unido a que  estaba solitaria, pues solo se llenaba de gente los domingos, le daba un aspecto misterioso y salvaje que a Paty entusiasmó e hizo correr su imaginación hasta el punto de que empezó a soñar con que eran los nuevos Robinson.

    Mientras los hombres montaban las tiendas y las mujeres se encargaban de buscar el mejor sitio para colocar las mesas y organizar la comida, Paty y sus primos (un chico y una chica algo mayores que ella) se fueron a inspeccionar “la isla”, que era como habían empezado a llamarla.  Una isla con playa y vegetación,  como la de Robinson, o al menos así querían verla.  Hasta se toparon con un árbol enorme, al que a Paty  le hubiera gustado trepar, algo que se le daba muy bien, fantaseando con que allí estaba la casa del famoso náufrago.

    Después de una suculenta comida, acompañada por hormigas y toda clase de insectos fueron los tres a recorrer e inspeccionar de nuevo “la isla” y cuando ya empezaba a anochecer regresaron al campamento, cansados pero felices.  La cena, alrededor de una pequeña hoguera, resultó muy grata y al cabo de un rato los niños fueron a dormir a sus respectivas tiendas, mientras los mayores se quedaban de amenizada tertulia.  A pesar de que el sonido del mar era el mejor arrullo para dormir, a Paty  le costó coger el sueño.  Tantas emociones la tenían muy alterada.

    A la mañana siguiente se despertó temprano.  La lona de la tienda, que era de una calidad muy corriente, dejaba pasar la luz del sol de aquel radiante día, lo que hacía imposible seguir durmiendo.  De todas formas estaba ansiosa por levantarse. Quería seguir explorando  la playa y en cuanto desayunaron se fueron los tres a descubrir los misterios que, según sus mentes fantasiosas y calenturientas, esperaban encontrar.

    La playa era muy larga y aunque llevaban un buen rato caminando por ella, no habían visto, con gran decepción por parte de Paty, nada digno de interés. Mirar, allí hay algo, dijo de pronto su primo señalando hacia la lejanía. Parece una cabaña, dijo Paty, igual es la casa de Robinson, siguió diciendo muy animada. A sus 13 años  no  era tan ingenua como para creer realmente eso, solamente  era un juego, pero en el que se metía  tan de lleno que lo vivía como si fuera realidad.  Vamos a inspeccionar, volvió a decir su primo y los tres se dirigieron hacia lo que parecía una cabaña.

    No era exactamente una cabaña, era más bien  una especie de  choza abierta,  quizá un  refugio para protegerse del sol y estaba hecha con tablas viejas y ramas de helechos, que por aquella zona había muchos. Vieron que alguien la estaba utilizando, pues había una mesa y un banco construidos, de forma rústica, con las mismas tablas que cubrían la choza, así como algunos periódicos y latas vacías, esparcidos por el suelo.  Se pusieron a curiosear y de pronto les sobresalto una voz a sus espaldas, -¡qué hacéis aquí!- Sus primos no se pararon a ver de quien era esa voz, salieron corriendo, pero Paty tranquilamente se dio la vuelta y se quedé quieta contemplando al hombre que tenía frente a ella. Era un hombre de aspecto mayor, aunque quizá no lo fuera tanto.  Llevaba barba e iba desaliñado y sucio, pero no inspiraba temor.  Su voz no era recriminatoria, más bien parecía triste o resignada y su cara, a pesar de su barba y su aspecto desaliñado, no le produjo desconfianza . Tenía una mirada profunda pero limpia y noble y se quedó fijo  mirando a la niña de una forma extraña, que Paty no supo descifrar, pero que la impresionó.  La miraba  con ternura y como si la conociera, como si no fuera la primera vez que la veía.
A una distancia prudencial sus primos observaban la escena y a voz en grito la llamaban. Después de un tiempo  de mutua contemplación, sin mediar palabra, Paty tranquilamente se alejó de allí.

    Sus primos estaban exaltadísimos y la recriminaban por no haber salido corriendo como ellos y aunque Paty estaba la mar de tranquila y segura de que ese hombre no era peligroso, decidieron no contar nada a sus padres, por miedo a que les prohibieran ir solos a la playa.
El resto del día lo pasaron  divirtiéndose de mil maneras y sin hacer la mínima alusión al incidente de la mañana, aunque Paty no podía quitar de su mente la enigmática mirada de aquel hombre y la idea de volver a verle.

    El nuevo día, al igual que el anterior, salió radiante y los niños,  después de desayunar, fueron nuevamente a la playa. 
-Acerquémonos hasta  la choza, -dijo Paty -ni hablar, -contestó su prima-, pero a su primo también le picaba el gusanillo de la curiosidad y se prestó a acompañarla. Su prima por no quedarse sola, se unió a ellos.
Ya de lejos le vieron. Estaba sentando en el banco y parecía contemplar el mar.  Paty apresuró el paso al contrario que sus primos, que se iban quedando  rezagados.  Cuando estuvo  frente a él, que seguía ensimismado mirando el mar y no se percato de su presencia, le saludó con un escueto –hola-. El la miró y sin sorprenderse (parecía que esperaba su visita)  la  saludo muy sonriente. 
-¿Te gustan las caracolas?  -le dijo-. Ante su afirmación se levantó y de una bolsa que tenía en el suelo, sacó una caracola y se la entregó.
 -Es muy bonita, -le dijo la niña. 
-A mi hija también le gustaban, -contestó el.
-¿Tiene una hija? -pregunto Paty. 
-Tenía, pero ya no la tengo.  Volvió a quedarse ensimismado mirando al mar y la niña dándole las gracias salió corriendo a reunirme con sus primos.  No quiso preguntarle más sobre su  hija pues por el tono de su voz intuyó que ésta había muerto.

    Estuvieron  así varios días, yendo a visitar al hombre de la choza, como le llamaban. Sus primos, aunque la acompañaban,  no se acercaban.  Siempre la misma rutina. Él la saludaba y la miraba con esa su inexplicable mirada, luego le hacía un sitio en el banco y ella se sentaba a su lado. Se quedaba de nuevo ensimismado, con la vista perdida en el mar y  la niña en silencio, mirándole de reojo, esperando la caracola que todos los días le daba.   Ni siquiera le había preguntado a Paty por su nombre, pero  parecía que le gustaba verla. Le entregaba la caracola, ella le daba las gracias y se iba.
Sus primos no entendían ese interés por ir todos los días a ver al hombre de la choza y ni ella misma lo entendía.  El morbo por el misterio que parecía rodearle, o tal vez aquella mirada tan enigmática que no sabía descifrar, pero algo había que la empujaba a la choza   y aunque a sus primos no les hacía ninguna gracia ir, por no dejarla sola, la acompañaban.

    Una mañana, al igual que todas, fueron los tres a la  choza y él no estaba, pero sobre la mesa había un paquetito que ponía “para la niña de los ojos claros”, que  dieron por hecho se refería a Paty ya que ésta así los tenía. Lo abrió y encontró una pulsera de metal blanco, bastante estropeada.  Junto con la pulsera había una nota.  “Esta pulsera la he encontrado en la playa, a mi hija le hubiera gustado, espero que a ti también te guste”.  No era una pulsera bonita y no parecía tener ningún valor pero  sé sintió emocionada, emocionada y asombrada porque la nota estaba escrita con una letra muy clara y bella, propia de alguien con estudios, que no compaginaba con el hombre sucio y desaliñado que conocían.
Cuando llegaron al campamento se creyeron en el deber de contar a sus padres lo del hombre de la choza y, como ya suponían, éstos pusieron el grito en el cielo y les  prohibieron volver a verle.
Tal como les  habían ordenado sus padres, dejaron de frecuentar la choza, pero Paty no podía quitarse de la cabeza  aquel  harapiento, de mirada melancólica y dulce.

    Un día en la playa le vieron, se dirigía hacia su refugio. Caminaba  un poco encorvado y muy lento,  pero estaba distinto, mas aseado y arreglado y su cara parecía menos triste, aunque seguía teniendo el mismo aire de ensimismado.  Paty se quedó fija mirándole y, como si hubiera  detectado su mirada, él se volvió de pronto y al verla le dedicó una tímida sonrisa a la vez que la saludaba con la mano.  Esa fue la última vez que le vieron.

    El tiempo empezó a cambiar y decidieron levantar el campamento y regresar a sus  casas. Paty no quería irse sin despedirse del hombre de la choza y sin decir nada a nadie, el mismo día de la partida, mientras todos recogían las tiendas y los bártulos, dijo que iba a dar su último paseo por la playa y se acercó hasta la choza.  Al igual que la última vez la encontró vacía pero, sobre la mesa, había una caracola enorme y debajo de ella una nota que, escrita con la bella caligrafía que Paty ya conocía, decía lo siguiente: “Niña de los ojos claros, no sé si vendrás a recoger tu caracola, pero si lo haces quiero que sepas  que has traído un rayo de luz a mi vida.  Hace tanto tiempo que se fue mi hija, que ya no podía recordar sus ojos y eso me dolía, pero en los tuyos los he visto y me han dado mucha paz.  Ahora puedo recordarlos.  Que Dios te bendiga”.  Cogió la caracola y dejó, sujeto con una de las latas vacías que había en el suelo, el mensaje de despedida, que  llevaba preparado por si no le encontraba.  “Hoy nos vamos para casa pero no quiero irme sin despedirme y darle las gracias por la pulsera y las caracolas, que  guardaré con mucho cariño”. Después de leer el mensaje de él, el suyo le pareció un poco insulso.
Lentamente se fue alejando de la choza tratando de esconder unas lágrimas que, no sabía por qué, estaban a punto de brotar.  No conocía a ese hombre, nada le unía a él y sin embargo se sentía acongojada.

    No quería que sus padres la vieran en ese estado y trató de hacer tiempo, para ir calmándose, yendo a un kiosco  cercano a la playa, donde vendían todo tipo de chucherías. Mientras echaba una ojeada, buscando algo que le apeteciera, se le ocurrió preguntar a la dueña del  local si conocía a un mendigo que solía estar en la playa y le dió las características físicas del mismo.
 -Claro que le conozco, -le dijo-,  se llama Roberto  y es un pobre hombre que no está bien de la cabeza pero  no es un mendigo, solo que le gusta ir como tal.  Paty  le siguió diciendo…-no sé si hablamos de la misma persona, este hombre tuvo una hija que se le murió  siendo aún niña, una hija que debía de tener los ojos claros-.  La kiosquera se echó a reír y le dijo… -¿eso es lo que te ha contado verdad? Pues no le creas, se lo cuenta a todo el que le quiere oír. Nunca ha estado casado ni por supuesto ha tenido una hija, aunque él parece que se lo ha llegado a creer.  Roberto, siguió diciendo la mujer,  es nacido  en este pueblo y de joven fue un alto cargo  en una importante empresa. Era muy inteligente, tanto que creo se le paso la rosca y ahora ya no rige bien, pero es un buen  hombre, no es peligroso.

    La niña se fue del kiosco como si le hubieran echado un jarro de agua fría. «Qué decepción, -iba pensando-. Yo que me creí la protagonista de una hermosa historia, el punto de enlace entre un hombre y su hija muerta, resulta que solo he sido la fantasía de un enajenado».  Aquella mirada tan enigmática  que no sabía descifrar, pero que quería creer significaba algo especial,  era solo la mirada de un alucinado. Ahora también tenía ganas de llorar, pero de decepción y rabia. Pensaba en los sentimientos que le había inspirado el hombre de la choza y se sentía ridícula.  ¡Qué tonta había sido!

    Cuando llegó al campamento éste ya no era tal. Las tiendas estaban recogidas y todo empaquetado a la espera de salir hacia los domicilios.  Sus primos, que sospechaban la visita, al verla llegar con cara compungida la abordaron y bombardearon a preguntas.  Sin pronunciar palabra, les dio  la nota que le había dejado con la caracola y ellos dieron por supuesto, que su estado de ánimo era debido a lo que ponía en ella.  Paty pensó  que no tenía por qué sacarles de su error,  era una tierna y bella historia, que no tenía que echarse a perder por su indiscreción, al intentar indagar sobre el hombre de la choza. Decidió que lo mejor era olvidar la segunda parte de la historia, pues de no haber ido al kiosco nunca la hubiera sabido.  Tenía  un bello recuerdo de esa acampada y además algo muy interesante para  contar a sus amigas cuando comenzara de nuevo el colegio, así como unas caracolas preciosas que estaba deseando enseñar. No había razón para que eso cambiara.

    Muy animada con este pensamiento subió al coche de su tío, que les llevaría de regreso a casa.  Esta vez el viaje resulto mucho mejor. Su madre había comprado  pastillas para el mareo, lo que hizo que el trayecto fuera más grato y pudiera admirar el maravilloso paisaje.  Se sentía feliz, había disfrutado de una magnífica acampada,  llevaba una bonita historia para contar y tenía unas grandes y bellas caracolas.  La vida le sonreía, ¿qué más podía pedir?










16 jun 2011

REINA DE LA NOCHE


Bella reina de la noche
Nacida para el amor
Altiva y majestuosa llegas
Con tu séquito de estrellas
Y Luz radiante de luna llena

Mis cabellos lucen reflejos de plata
Y mis ojos han perdido su fulgor
Pero esta noche, sólo esta noche
Cúbreme con tu manto de estrellas
Vísteme con tu resplandor
Hazme joven, deseada y hermosa
Que brille en mi de nuevo el amor

Esta noche... sólo esta noche...
Luego cuando te hayas ido
Y llegue de nuevo el alba
El milagro desaparecerá
La magia se irá contigo
Volverán los cabellos de plata
Y el brillo de mis ojos se apagará
Pero hoy, reina de la noche
Hoy...haz mi sueño realidad


11 jun 2011

ROMUALDO SE CASA


Hoy se nos casa Romualdo
Y su madre está contenta
Se libra ya del muchacho
Un muchacho de cuarenta

Yo con mi madre estoy bien
Decía Romualdo a voz llena
Con quién voy a estar mejor
Nadie me cuida como ella

Y así pasaba Romualdo
Sus años en soltería
Le rondaban muchas mozas
Pero ninguna quería

Su madre desesperada
A San Antonio una vela
Todos los días llevaba
Para ver si alguna novia
El Santo por fin le encontraba

Un día al pueblo llegó
Una joven de bandera
Que a Romualdo encandiló
Y trató de ir a por ella

Romualdo que era un gañán
Quiso a la moza ganar
Con una hermosa manzana
Lo mismo que Eva y Adán
Y se fue con ella al huerto
Paraíso terrenal
Para comer la manzana
Y su amor así sellar

Mas la moza que era lista
Aunque moza no era ya
Aprovechó de Romualdo
Gañán un tanto zoquete
Este desmedido afán
Para endosarle el paquete
Regalo de algún galán
Y que ponía en peligro
Su casta virginidad

Y probó de la manzana
Y a Romualdo le ofreció
Que comió sin percatarse
Que un gusanito llevaba
Y el muy tonto lo tragó

Del brazo de la madrina
Hoy Romualdo satisfecho
A la iglesia se encamina
¡Qué guapo estoy! Va pensando
Y con cuanta envidia
Todos me están mirando
Y “pa” listo….yo el primero
Por el precio de una vaca
Me llevo vaca y ternero



29 may 2011

EL TEATRO DE MUNDO


Los ojos tiene cansados
De tanto mirar la vida
Observando del mundo el teatro
Entre tramoyas y bambalinas

Ha tiempo también él fue
Actor de este gran teatro
Unas veces en comedias
De galán almibarado
Y otras en duras tragedias
De dramatismo desorbitado
Y algunas veces hacía
El papel de un hombre malo

Ya la edad le ha retirado
De las tablas y los escenarios
Ahora observa entre telones
Y gastados decorados
Recordando con nostalgia
Aquellos años dorados

El gran teatro del mundo
No ha dejado de girar
Pero él ha cumplido su ciclo
Ya está en la recta final
No mas le queda un papel
Difícil de representar
El papel del adiós a la vida
Que tranquilo entre bambalinas
Aguardando está el momento
De poderlo interpretar


13 may 2011

UNA NOCHE EN PALACIO


Hacía frío y unos negros nubarrones en el cielo, presagiaban tormenta. Regresábamos de las vacaciones de semana santa y tanto mis hijos como yo, con el calorcillo del coche, íbamos adormecidos (incluso el perrito dormía plácidamente en el regazo de uno de mis hijos), mientras mi marido conducía en silencio. ¡Hombre este es el pueblo de mi amigo! dijo de pronto mi marido sobresaltándonos. ¿De qué amigo hablas? Le pregunté yo medio somnolienta. De mi amigo Víctor, me contestó, que hace tiempo me encontré con él, siguió diciendo mi marido, y me comentó que había comprado un palacio en un pueblo del que había olvidado su nombre pero ahora, al verlo, lo he recordado. ¡Anda ya!, un palacio, tu amigo sueña, le dije yo.

El famoso amigo Víctor, era un amigo de la familia al que mi marido conocía desde niño. Aunque éste era de bastante más edad, había hecho una gran amistad con él debido, principalmente, a que el tal Víctor era un hombre muy ilustrado y con una muy bien surtida biblioteca en la que mi marido, que ya desde niño era un apasionado de la lectura, solía gustarle mucho estar.

Yo con Víctor solo había hablado un par de veces, pero me había dado la impresión de que era un poco excéntrico o no estaba muy bien de la cabeza. Así se lo había comentado a mi marido en más de una ocasión. No lo creas, me decía, lo que ocurre es que es un sabio y, como todos los sabios, vive en otro mundo. Por eso, cuando mi marido dijo lo del palacio, di por hecho que era una de sus locuras o excentricidades. ¡Cómo iba a comprarse un palacio!

Vamos a hacerle una visita y así veremos si es cierto lo del palacio, volvió a decir mi marido. A mí, la verdad, no me hacía ninguna gracia ir a visitarle. Cuando le conocí no me resultó grato y a pesar de que mi marido decía que era una bella persona, me producía una especie de temor, le encontraba algo siniestro. A mis hijos les encantó la idea de ir a ver el palacio y como yo estaba en minoría, no me quedó otra que acatar el deseo de la mayoría.

Según le había dicho Víctor a mi marido, el palacio se llamaba “Palacio las Acacias” y preguntando a unas personas del pueblo, llegamos a él. En realidad, más que un palacio, parecía una casona grande y vieja. No tenía nada de jardín y no sé de donde le vendría el nombre, pues no había ni una sola acacia a su alrededor. Estaba situado en un alto y a mi me vino a la memoria la casa de la película“psicosis”.

La puerta, grande y llena de herrajes, tenía una aldaba enorme en forma de mano. A nuestra llamada salió Víctor y la verdad es que, no se si real o fingido, nos recibió con gran entusiasmo. Salía un poco encorvado y frotándose las manos (quizá por el frío) y con una sonrisa de oreja a oreja. Al verle me dio un escalofrío, pues su imagen me recordó a la bruja del cuento “La casita de chocolate” cuando recibía a Hánsel y Grétel sonriente y frotándose las manos, pensando en el festín que se iba a dar con los niños.
Si hubiera dependido sólo de mí, hubiéramos hecho una “visita de médico” y luego para casa, pero Víctor nos pidió que nos quedáramos hasta el día siguiente y a mi marido que no le apetecía conducir de noche y a mis hijos que todo lo que fuera novedad les encantaba, les pareció una buena idea y como yo, nuevamente, estaba en minoría, tuve que resignarme.

Víctor no estaba casado y a pesar de tener familia vivía solo. Aún siendo, supongo, muy feliz en su soledad, de vez en cuando quizá le agradase recibir alguna visita, aunque sólo fuera para reafirmarse en esa soledad y, cuando se iban las visitas, volver a disfrutar de la misma, ya que era un lobo solitario. Posiblemente de ahí su alegría al vernos.

La casona por dentro ya no era tal casona. Efectivamente tenía el aspecto de un palacio. La entrada era enorme, parecía una pista de baile con columnas y unas grandes escaleras a los lados, que confluían en el primer piso con una especie de hall, frente al cual había un gran salón. De los lados derecho e izquierdo del hall partían dos anchos y largos pasillos que daban acceso a las habitaciones. Había otro piso más, pero las escaleras estaban medio rotas y malamente se podía acceder a él. A pesar de que sí tenía el aspecto de un palacio y puede que en otro tiempo luciera en todo su esplendor, en aquel momento era una ruina. Desde luego vivir allí, en mi opinión, resultaba totalmente desolador y mucho más para una persona sola, pero a Víctor se le veía muy feliz en su enorme y deprimente morada.

Después de un breve recorrido por todas las dependencias del primer piso, pues al segundo, debido al mal estado de las escaleras, no accedimos, nos llevó a un saloncito donde tenía montado una especie de despacho. Había estudiado farmacia y de joven había trabajado como farmacéutico. Ya jubilado, se había dedicado a investigar las alternativas a los medicamentos convencionales, tales como medicina natural y homeopatía y en esa especie de despacho es donde tenía su “parafarmacia”.

Llevábamos allí un buen rato conversando, bueno a decir verdad los que conversaban eran mi marido y Víctor, pues yo me limitaba a escuchar sin demasiado interés y mis hijos a curiosear por la estancia cuando, tal como ya venían anunciando las nubes, se desató una fuerte tormenta, con gran aparato eléctrico y mucho viento. Como el saloncito donde estábamos reunidos, para no desentonar con el resto del palacio, tenía la ventana rota, empezó a entrar por ella una gran cantidad de agua que unido al fuerte viento llegaba hasta el centro de la habitación. Víctor intentó cubrir la ventana con un trozo de plástico que ya tenía preparado para tal fin, lo que consiguió con gran esfuerzo y a riesgo, para regocijo de mis hijos, de pegarse un talegazo, pues la ventana estaba bastante alta y él tuvo que subirse a una, al igual que toda la casa, destartalada escalera.

Por fin llegó la hora de cenar y digo por fin, porque la velada se me estaba haciendo interminable y deseaba cenar e irnos a dormir y que llegara pronto el día siguiente para marcharnos de allí. No sabía entonces que la noche iba a ser aún más interminable.

Nos llevó a una enorme cocina, vieja y desangelada, y la más sucia cocina que ni en mi peor pesadilla hubiera podido imaginar y donde yo, que para eso soy mujer, tenía que preparar la cena de todos. Preparar la cena es mucho decir. Me indicó un armario que, según él, estaba repleto de viandas. Efectivamente había muchas cosas. Latas de conservas, refrescos, legumbres, galletas, leche, aceite, azúcar, etc. etc., pero tenía todo tan mal aspecto, que me puse a buscar con mucha cautela por ver si había algo en buenas condiciones.

Las latas todas estaban oxidadas y abultadas, lo que las hacia inutilizables, a riesgo de acabar con botulismo. Las galletas las suponía revenidas pues todas las cajas estaban caducadas y lo mismo la leche, el aceite y otra serie de productos. Me dio vergüenza decirle que todo estaba en mal estado y le dije que normalmente cenábamos muy poco, que con unos huevos, si es que tenía, nos arreglaríamos. De todas formas el aspecto de aquella cocina era un antídoto para el apetito pero, sobre todo pensando en mis hijos, algo había que preparar.

Por suerte tenía huevos y además frescos pues, parece ser, que se los llevaban, todas las semanas, unos aldeanos del pueblo. Como para él cenar solo huevos no era suficiente, se preparó una coliflor, que la echó a cocer tal cual, sin lavarla y sin quitarle ni hojas ni troncho.

A partir de aquel momento empecé a creer firmemente en las bondades de la medicina natural porque si ese hombre preparándose las comidas con tanta falta de higiene y comiendo aquellos productos que tenía en el armario, aún seguía “vivito y coleando”, es que la medicina natural, que seguramente él utilizaba para sí mismo, hacía milagros.

Después de esa “esplendida” cena, decidimos irnos a dormir. Nos llevó a una habitación muy grande, con varios catres dispersos por ella, donde dormiríamos todos, cosa que agradecimos, pues preferíamos dormir todos juntos. Nos dio las buenas noches y se retiró a sus “aposentos”, no sin antes advertirnos que el perro no podía subir a las camas, tenía que dormir en el suelo. ¿Tendría miedo a que se las estropeara?

Aún no nos habíamos quitado los abrigos, incluso habíamos cenado con ellos, pues hacia un frío de mil demonios. Casi todas las habitaciones tenían chimenea, pero estaban apagadas, seguro que no funcionaba ninguna y no había ni un solo radiador en toda la casa, por lo que ésta estaba helada. Decidimos que, para combatir el frío, lo mejor sería unir las camas para dormir todos juntos, así como no quitarnos la ropa y meternos a la cama con ella puesta. Conformes con esta decisión, dejamos las camas preparadas y fuimos todos juntos, incluido el perro (nos sentíamos más seguros todos juntos), al cuarto de baño para lavarnos los dientes y hacer un pis antes de acostarnos

El cuarto de baño, como casi todas las dependencias, era muy amplio y, aunque ya habíamos estado en él al poco de llegar, no nos habíamos fijado que tenía en el suelo manchas rojas como de pintura.

Mis hijos, que les encantaban las películas de terror y eran muy imaginativos y truculentos, empezaron a decir que era sangre reseca, que habían visto en los cajones de la cocina unos cuchillos enormes y que Víctor podía ser un sicópata. Todo era broma, ellos lo sabían y yo también, pero el ambiente de la casa propiciaba a imaginar esas cosas y hasta llegar a creerlas. Total que empezó a entrarnos miedo, tanto así que mi marido tuvo que intervenir para zanjar la cuestión y devolvernos la cordura algo que, aunque disimulamos, no consiguió del todo.

Volvimos al dormitorio y tal como habíamos decidido, sin quitarnos la ropa, salvo el abrigo y los zapatos, nos metimos todos juntos en las camas. Mi marido y yo en los extremos, los niños en medio y al perro, que por supuesto no íbamos a dejar que durmiera en el frío suelo de piedra, lo pusimos sobre la cama y a los pies.

Apagamos la luz y nos dispusimos a intentar dormir. La noche prometía ser muy larga. El frío, el hambre, el miedo y la inquietud nos tenían desvelados. A pesar de estar todos bien juntitos y de la ropa que llevábamos, temblábamos de frío ¿O tal vez no era solo frío? Mi marido y el perro fueron los primeros en dormirse y por los ronquidos de ambos, debían de estar haciéndolo “a pierna suelta”. Mis hijos no paraban de moverse, estaban nerviosos y tardaron un buen rato en dormirse, pero por fin les venció el cansancio y se durmieron. La única que estaba despierta era yo y eso me inquietaba aún más, pues me sentía sola ante el peligro. Sola y “amenizada” con los ronquidos de mi marido y el perro, así como el castañeteo de mis dientes, que no se si debido al frío o al miedo, parecían unas castañuelas viejas.

Había además algo que me preocupaba mucho y que, como parecía que los demás no se habían percatado de ello, me lo había callado, para no asustarles aún más. Esto era que en la pared, detrás de uno de los catres, había un agujero bastante considerable, que dejaba al descubierto un doble tabique y que supuse sería la cámara de aire.

 En las casas muy viejas suele haber ratas entre los tabiques, que incluso se las puede oír correr por las noches y a mi me producía terror que también en esta, al ser tan vieja, las hubiera y por ese agujero se pudieran colar a nuestra habitación.
Esa preocupación, aparte de todo lo demás, creo que fue lo que me mantuvo en vela toda la noche. Estaba pendiente de todos los ruidos y como en las casas, sobre todo si son viejas, por las noches suelen crujir las maderas y se oyen toda clase de ruidos, yo estaba aterrada pues todo lo que oía me parecía que eran las ratas y que de un momento a otro entrarían en el dormitorio y las vería corriendo por encima de las camas.

Creo que esa noche fue la peor y la más larga de toda mi vida, se me hizo eterna. Me acordaba de mi casa y de lo bien que podría estar en mi cama y me daban ganas de llorar. Maldecía la hora en que se nos había ocurrido ir a ver el dichoso palacio. Creí que nunca iba a amanecer pero, como es lógico, amaneció y en cuanto vi la luz del nuevo día me levanté y desperté a todos. Como ya estábamos vestidos ni nos aseamos, ya lo haríamos al llegar a nuestra casa.

Víctor muy amablemente nos ofreció desayunar, pero nosotros más amablemente aún rechazamos su ofrecimiento. Estábamos deseando salir de allí.

De camino paramos en una cafetería y un simple café con leche y un bollo, nos supo como el mejor manjar. Mientras desayunábamos, nos pusimos a comentar las peripecias de nuestra estancia en el palacio y con el sol de aquel radiante día y lejos ya de Víctor y de su tétrica morada, las cosas no nos parecían tan inquietantes y hasta nos reímos de nuestros miedos.

Nunca, al regreso de unas vacaciones, habíamos entrado en nuestra casa con la alegría que lo hicimos ese día, cuando llegamos por fin a ella. Era una casa como tantas, pero a todos nos pareció maravillosa. Un verdadero palacio.